lunes, 28 de abril de 2014

Balto, la verdad de una leyenda

En este artículo vamos a intentar cubrirnos de nieve, situémonos en mitad de una helada, hasta sentir como late el corazón del despiadado frío cuando toma las calles de Alaska en pleno invierno.
Nos vamos hasta un 2 de Febrero del lejano 1925 en Nome.
Aquel día será recordado por el sacrificio constante y espectacular de un musher y sus perros, esa madrugada lograron llegar a tiempo Balto y sus camaradas caninos con el medicamento que puso fin al brote de difteria que asolaba Nome.

Balto y sus compañeros al llegar con la antitoxina

¿Sabes quién era Balto? Según las secuelas que el cine ha intentado proclamar, era un perro lobo, pero nada más lejos de la realidad.
Balto fue un Husky Siberiano (aunque insisto en decir que su apariencia es 100% la de un Laika ruso europeo) nacido en 1919 bajo el techo del famoso musher Leonhard Seppala.
Balto
A tan solo 6 meses de nacer su dueño decidió castrarlo, con este dato podemos desmentir abiertamente las leyendas sobre su descendencia.
Su destino era como el de sus compañeros, ser un perro de trineo, pero comenzó portando comida durante sus primeros 2 años de vida y con esta actividad solo logró dejar claro que no era un perro optimo para su fin principal, demasiado lento.
Por ello para Seppala siempre contó como una última opción.

En el año 1925 la ciudad de Nome cae bajo el yugo incesante de la difteria, una enfermedad que se posa en los niños hasta apagar sus frágiles corazones, no tardan en acabarse las reservas de antitoxina diftérica, no quedan medicamentos para esos pequeños.
Pero nuevas y esperanzadoras noticias llegan hasta aquel lugar, en otra ciudad a unos 1609km Anchorage, hay existencias.
El principal problema de estas nuevas llega con un temporal de frío, hielo y nieve que aterroriza al futuro de los niños ya que todas las posibles vías de acceso están cortadas para ser transitadas con algún tipo de seguridad.
Después de mucho pensar, deciden llevar la antitoxina de Anchorage Nenana en ferrocarril pero hasta allí deberán ir 20 mushers con sus trineos y mediante una carrera de relevos hacer llegar el suero de la esperanza hasta Nome.

Es entonces cuando 100 perros, 20 hombres y un millón de esperanzas se embarcan en esta aventura a contrarreloj.
Como Seppala no confía demasiado en Balto, decide hacer uno de los trayectos más peligrosos con Togo, un Husky Siberiano de 12 años.
Por otra parte, Gunnar Kaasen (empleado de Seppala) se hace con otro escuadrón al que denominan B para cumplir con el último tramo de la carrera. Él si brinda su confianza a Balto y lo deja como líder de sus perros.

El día 2 de Febrero, a las 5.30 am, Kaasen cumple con su cometido y entra triunfal en Nome, los niños están a salvo.
Da el medicamento al médico Curtis Welch y después se encarga de que sus animales tengan una buena recompensa y toda clase de cuidados de sus propias manos, los perros llegaron destrozados, helados y sangrando.
Muchos de los canes que participaron en esa carrera nunca regresaron, murieron presas del poderoso temporal.

Si comparamos las distancias recorridas por Balto y por Togo, podríamos decir que la del Husky de 12 años multiplicaba con creces la de Balto, pero nuestro héroe llegó con los medicamentos y fue lo único que importó realmente al pueblo.
Pasó a ser toda una sensación. Tanto es así que el día 17 de Diciembre de ese mismo año, Balto ya asistía a la inauguración de una estatua en su nombre que alzaron en el mismísimo Central Park de New York.
Aún hay personas que afirman que realmente no estaba hecha a semejanza de Balto, si no de Togo.
En ella rezan las siguientes palabras:

“Dedicado al indomable espíritu de los perros de trineo, quienes llevaron la antitoxina 600 millas sobre el hielo, a través de las traicioneras aguas, a través de tormentas de nieve del Ártico desde Nenana para el alivio de los afectados Nome en el invierno de 1925. Resistencia. Fidelidad. Inteligencia.”


Estatua de Balto en el Central Park de NY

Si bien dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, no podemos decir lo mismo al contrario.
El corazón de los hombres en muchas ocasiones carece de la valentía y de la lealtad que ellos si poseen con creces, nuestro corazón y nuestra alma se corrompen igual que se marchita una flor cortada, con suma facilidad.
Por ello el dinero ganó al honor y Balto junto a sus camaradas fue vendido a un productor de televisión, Sol Lesser. Este hizo con ellos una película "La carrera de Balto a Nome". Una vez absorbió todo lo que pudo de la aclamada fama del peludo héroe, los volvió a vender.

Balto en los años que fue vendido

Esta vez con mucha peor suerte. Fueron a caer en manos de mala gente que los exhibió de malas maneras bajo condiciones horribles, pasaron hambre, frío, fueron maltratados y finalmente abandonados sin ningún tipo de cuidados.
Fue entonces cuando un empresario de Cleveland, George Kimbal, decidió ayudarlos. A él se unió una escuela infantil, entre todos aquellos soñadores pudieron salvar a los perros.
Reunieron en tan solo una semana los 2000$ que se exigían a cambio de los canes. 
El 19 de Marzo de 1927 los héroes entraban en el zoológico de Cleveland con un desfile triunfal como el que tanto se merecían, allí se les adoraba.

Durante el año 1933, la salud de nuestro amigo empeoró considerablemente, estaba sordo, casi ciego, con artritis que recaía sobre todo en sus patas traseras, y muy enfermo.
Se hizo cargo de él un veterinario que se prestó voluntario, afirmando que sería un honor cuidar de aquel animal los últimos día de su vida, ese hombre se llamaba Powel.
Un martes, más concretamente el 14 de Marzo de 1933, a las 2.15 pm, la vida de aquel mito, leyenda y eterno héroe cesaba mediante un pinchazo.
Balto fue disecado y actualmente se le puede visitar en el Museo de Historia de Cleveland.
Cada año se conmemora aquella hazaña en Nome con la carrera llamada Iditarod.

Dedico este artículo a todos los perros que se fueron un día para no volver y que siempre estarán en nuestro corazón, hasta que un día los podamos volver a acariciar. No os olvidamos y no lo haremos jamás.

Balto y Togo disecados

Balto y Gunnar Kaasen

3 comentarios:

  1. Emotivo y encantador artículo.

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  2. Yo pensaba que esto era de otra manera!! muy interesante, siempre aprendo algo nuevo aqui

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  3. Aun falta un dato... Balto encontro la senda en la ventisca que azotaba el ultimo tramo de camino, el musher que lo guiaba confeso que el ni siquiera podia ver sus manos de lo cerrada de la tormenta y se dejo llevar por el perro, su olfato extraordinario encontro el camino.. Esta proeza le dio su fama

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