miércoles, 4 de mayo de 2016

Diez caballos en mitad de las leyendas

Hace unos cincuenta y cinco millones de años en América del Norte, durante el periodo que hoy conocemos como Eoceno, vivió una criatura que fue el origen de los actuales caballos, hablamos del Hyracotherium. Este pequeño animal media tan solo entre 20 y 40 centímetros de altura, con el paso inexorable de la evolución no tardó en triplicar su medida, en este proceso también perdió sus dedos hasta hacerse monodáctilo, el cual más tarde iría evolucionando y endureciéndose hasta convertirse en un casco. El salto evolutivo abarcó varias especies hasta llegar al Merychippus, el cambio en este animal fue más notable ya que al tener unos dientes con coronas bastante más altas, pudo variar su dieta y consumir alimentos algo más duros como es el caso de pequeñas ramas o las hojas más gruesas que antes no podía moler fácilmente. Así llegamos hasta el Pleshippus, el antecesor de lo que hoy conocemos como equinos. Durante el Paleolítico sirvieron de alimento, la presencia de estos animales se puede ligar a seres espirituales provocados por el estado alterado de conciencia en las teorías puramente chamánicas acerca del arte parietal, como es el caso de las pinturas de Lascaux. Durante el Neolítico hubo un descenso de la densidad evidente que había antes de que nuestros antecesores irrumpieran con la caza en el Paleolítico, ya que dicha actividad menguó considerablemente los ejemplares salvajes. Durante la Edad de Bronce se sabe que el uso del caballo fue a un nivel ya de animal domesticado, se han encontrado embocaduras de esa época, pero no está clara del todo la raíz de la domesticación. Quizás habría que enfocar desde un punto de vista concreto lo que entendemos por domesticar, si nos referimos a reunir en espacios reducidos a los animales, llevarlos en manadas o acercarnos a ellos, podríamos estar hablando de una muy temprana domesticación de mano de los recién llegados Homo Sapiens a Europa, aquellos que habitaron el Paleolítico Superior. Oficialmente el caballo comenzó a ser domesticado en Kazajistán, hace 36.000 años.


A partir de entonces los caballos han formado parte de leyendas, hazañas y de la historia, son cientos los nombres de equinos que nos encontramos en los libros, relatos plagados de héroes con cuatro patas que muchas veces juegan un papel francamente importante en las vidas de sus respectivos dueños. He intentado reunir en una lista de diez caballos los nombres propios de aquellos que yo considero los más importantes de la historia universal, pero muchos se han quedado fuera simplemente por no alargar este artículo eternamente, como es el caso de Rocinante (el caballo de Don Quijote de la Mancha) o de Palomo (fiel amigo de Simón Bolivar). Sobra decir que tampoco es posible reunir todas las leyendas en una sola página, como por ejemplo la de los caballos transilvanos o los que formaban las olas en algunos cuentos para ayudar a las sirenas a cautivar marineros.

  • Marengo
    Este maravilloso ejemplar de raza árabe nació en 1793, compartía cuadra con otros 130 congéneres, entre los que se encontraban Vizir y Blanco, dos de los favoritos que su amo, Napoleón Bonaparte. En el año 1799 Napoleón pidió que fuera traído desde la tierra de las pirámides hasta su amada Francia, su nombre le fue otorgado después de la batalla de Marengo en Julio de 1800. Después de ser capturado y vendido a un General, con él vivió hasta los treinta y ocho años. Fue un noble animal, herido hasta en ocho ocasiones, y ganando con creces su reputación ayudando a Bonaparte en gran parte de sus batallas, hoy podemos ver sus restos en el Museo Nacional de la Armada de Sandhurst (hay quien afirma que no se trata de esqueleto del verdadero Marengo).
  • Siete Leguas
    Fiel compañero del revolucionario Mexicano Pancho Villa. Realmente se sabe poco de esta yegua, lo que nos ha llegado es por medio de canciones y poco más. Pero son muchas las fotografías de Pancho junto a este ejemplar. Se dice que su nombre viene del recorrido que el animal podía llegar a realizar en un solo día, Villa estaba prendado de las cualidades de este animal, obediente y capaz de seguir a su dueño hasta el final.
  • Genitor
    Es bien conocida la enorme repercusión que tenían los augurios en el glorioso Imperio Romano, cualquier cosa que vaticinaban podía simbolizar el final de un periodo de calma y el renacer de la guerra, fruto de uno de estos vaticinios nació un profundo lazo entre Genitor y Julio César. El ejemplar nació en los establos del General, pero padecía una patología en sus patas que lo hacían tener varios dedos además de su casco, cosa que lejos de preocupar o causar reticencia en César, lo que hizo fue ser la raíz de una profecía por parte de los augures: el que montara a Genitor dominaría el mundo, ya que esta deformidad era una señal de los dioses. Desde entonces Julio César no se separó de él, construía estatuas en honor a los dioses para que ellos protegieran al caballo en la batalla, tanto es así que fue el que lo acompañó en la famosa Guerra de las Galias. Dicen que le puso el nombre en honor a su propio padre.
Marengo, Siete Leguas, Genitor y Othar
  • Othar
    Es una de las leyendas que más ha recorrido el mundo, Othar era el todo poderoso caballo de Atila, rey de los Hunos.
    Se trataba de un tarpán, ya extintos (podemos ver a estos animales en las representaciones de arte parietal en las cuevas de Lascaux) no se diferenciaban demasiado de los caballos actuales, pero eran más fuertes, su pelo más duro y su forma algo más robusta. La leyenda cuenta que donde Othar pisaba, jamás volvía a crecer la hierba. Se asocian más caballos con la figura de Atila, pero este que nombramos a transcendido persistentemente, cabe recordar que los hunos consideraban a los caballos un ser símbolo de adoración, así como una prolongación del propio ser humano, parte de su ser.
    Pero como lo que nos ha llegado en su mayoría son textos con tintes romanos, no podemos saber a ciencia cierta si aparte del chamanismo y los caballos, tenían deidades vinculadas con los equinos de manera directa. Lo que si sabemos es que no adornaban a sus caballos, era un animal sagrado y de hacer eso supondría una ofensa. 
  • Strategos
    Tesalia fue desde donde Aníbal Barca ordenó que trajeran al que sería el tercero de sus bravos caballos, desde ese instante le acompañaría en todas sus batallas. El cartaginés anhelaba tener en su poder un ejemplar de la talla de Bucéfalo (el caballo de Alejandro Magno) y se encargó de que este fuera de la misma región, pensando que las hazañas de Bucéfalo podrían estar acuñadas de alguna manera innata en su nueva adquisición. Se trataba de un caballo colosal, con un brillante pelo de color ébano, fuerte, muy musculado y extremadamente veloz.
    La presencia de Strategos fue crucial en el camino que Aníbal recorrió en los Alpes. Su nombre significa general en griego, pero también es conocido en algunos relatos como "el caballo de los Alpes".
Strategos, Janto y Balio, Incitatus
  • Janto y Balio
    Cuando se habla de uno, se habla del otro. Inmortales, inseparables, memorables, únicos, eran los aclamados corceles de Aquiles. Una de las versiones apunta que ambos descendían de Céfiro, el dios del viento del oeste y de la harpía Podarge, fue entonces cuando Peleo y Tetis contrajeron matrimonio y Poseidón se los entregó como regalo de bodas, más tarde llegarían a manos de Aquiles, pero otra versión dice que Janto fue un regalo de la diosa Atenea, siendo de esta manera el único caballo del héroe, y Balio tan solo el hombre que se encargaba de los caballos griegos, aunque con el tiempo y tras la cruenta batalla de Troya pudo ser que su nombre cobrara fuerza y se asociara al corcel. Cuentan que fueron los caballos que tiraron del cuerpo de Héctor, príncipe de Troya abatido por Aquiles en combate por vengar la muerte de Patroclo.
  • Incitatus
    Calígula, ese es el nombre del amo de Incitatus, un hermoso caballo hispano de los muchos que se importaban durante ese periodo, su nombre significa Impetuoso en latín. Se trataba de un caballo de carreras, violar la paz de su descanso suponía como castigo la pena de muerte. De todos cuantos caballos pueda nombrar en esta lista sin duda Incitatus fue el más consentido de todos ellos, hasta limites inimaginables. Se decía que Calígula era capaz de cualquier cosa por este animal, su primera caballeriza estaba hecha de mármol y marfil, más tarde pasó a una villa con una veintena de sirvientes solo para su cuidado. Su vestimenta era digna del más grande de los reyes de toda la historia, portaba collares de piedras preciosas, oro, y pernoctaba entre ropajes púrpuras (el tinte más caro, solo podía utilizarlo la familia Imperial). Su alimentación distaba mucho de la de los demás caballos, cualquier manjar de marisco, frutas, copos de oro, o vino eran parte fundamental de la dieta que Calígula le brindaba. Tanto llegó a perder la cabeza este hombre por su caballo, que le hizo contraer matrimonio con Penélope, una mujer de exuberante belleza que yacía con el animal cada noche.
  • Bucéfalo
    Posiblemente uno de los animales que más ha marcado la historia, siempre fiel al gran Alejandro Magno, un ejemplar realmente admirado aún con el largo caminar de los siglos. Su nombre hace referencia a la forma de su cabeza y significa cabeza de buey. Trece talentos fueron los que pagó el rey Filipo II de Macedonia por él, nació en Tesalia, pero el equino gozaba de una terquedad tremenda, nadie era capaz de domarlo o de acercarse a él. Un día Alejandro logró montarlo pero no le fue nada fácil, el animal no cesaba en el empeño de deshacerse de las intenciones que lo aguardaban en la mente del jinete, por lo que las coces aumentaban por segundos, entonces el muchacho hizo que el sol cegara momentáneamente a Bucéfalo y Alejandro pudo subirse en él, su padre quedo completamente asombrado. Otras versiones dan una explicación mucho más fantasiosa y poco real de la doma del animal, el cual durante el resto de su vida solo se dejaría montar por Alejandro Magno. Falleció en el año 326 a.c con treinta años. Si viajas a Pakistán, dicen que junto a Jhelum puedes pasear por la que un día fue la ciudad que fundó Alejandro en su honor, Alejandría Bucéfala.
  • Babieca
    Rodrigo Díaz, el Cid Campeador poseía uno de los caballos más bellos que ha pisado nuestra historia, el nombre hace referencia a un episodio de la infancia de Rodrigo, donde le dan a escoger un caballo y su elección parece que no termina de ser muy acertada por lo que le dicen algo como "¡Babieca escogiste mal!", esta palabra no significa más que tonto o necio, pero ese fue el nombre que le puso al caballo. La verdad que aquí la información es muy confusa, la recibimos de varias fuentes y todas ellas a medio completar a primera vista o con versiones dispersas, algunos cuentan que es un trofeo de guerra después de vencer en Sevilla, y otras fuentes apuntan a que fue comprado por mil linares, el caso es que todas las informaciones coinciden en la bravura de este animal, así como en su porte fuerte y sobrecogedor.
    La tumba de Babieca es toda una leyenda, dicen que después de la muerte de su amo el animal jamás volvió a ser adoptado, quedó sumido en una profunda tristeza que se cobró su vida dos años después, falleciendo a los cuarenta años. Parece ser que todo apunta que Babieca fue enterrado en el Monasterio de San pedro de Cardeña, en el año 1949 el Duque de Alba financió unas excavaciones centrándose principalmente en el terreno que desfila frente a la fachada principal, pero no obtuvieron resultados sobre el paradero del caballo.
  • Pegaso
    Sin él mi vida no habría sido la misma, desde que tengo uso de razón recuerdo una devoción y un amor entrañable por este caballo, blanco, puro, alado, simplemente mágico. Con él en mi mente creaba mil y una historias, las escribía en una libreta que aún conservo. Pegaso inspiró al Islam para la creación de Buraq. Aunque hoy en día se representa a este caballo conducido por Perseo para salvar la vida de Andrómeda, los orígenes de la mitología sitúan su nacimiento en el instante en que Perseo corta la cabeza de Medusa, de esa sangre derramada nace el corcel. Belerofonte si que utilizó un caballo alado para luchar contra la Quimera, por lo que se piensa que fue el que acompañó al héroe y más tarde ocupó un lugar privilegiado entre los dioses, el único de los caballos alados que compartía las delicias del Olimpo con ellos.
Bucéfalo, Babieca y Pegaso

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