miércoles, 3 de agosto de 2016

Las raciones de combate

La sociedad que no pertenece al ámbito militar, tiende a pensar que en una guerra solo existe el núcleo del conflicto, realmente es esa la única información que se nos administra estratégicamente como un goteo intermitente en los medios de comunicación; pero los periodos bélicos activos no son solamente batallas, también a lo largo de la historia encontramos curiosidades, historias paralelas que han ido formándose en el limo de las guerras. Quizás no se pueda recoger tanta información como nos gustaría de algunos aspectos de la vida los soldados, ya sea por la lejanía a la que se enfrenta nuestra oportunidad de ojear documentos o por el poco interés que despertaron en su día (gran similitud con lo que ocurre hoy por hoy); algo que si ha sido documentado de manera notoria sobretodo por los Estados Unidos de América, es todo el halo que concierne a la alimentación de los soldados, lo que nos conduce hasta nuestras protagonistas de hoy, las raciones de combate.

Si nos remontamos a las primeras guerras documentadas como tal en nuestra era, el alimento dependía de los combatientes, de manera que muchos soldados llegaban a las filas desnutridos y sin apenas fuerzas para luchar, algo que lógicamente comenzó a preocupar a los líderes a pesar que en un primer momento no fue algo que les importara demasiado. Junto con los integrantes del ejército, se acababa desplazando casi toda la familia para poder abastecer a sus seres queridos, lo que era un campamento militar acababa siendo una estampa un tanto peculiar, donde era habitual ver animales, niños e incluso lo necesario para llevar a cabo tareas de carácter agrícola. El Congreso de Estados Unidos decidió finalmente asignar raciones de comida al ejército en el año 1775, era un menú bastante completo que contenía productos clave para el óptimo mantenimiento nutricional de los soldados, tales como panes, carne y legumbres; no se disponía todavía de ningún tipo de cocina designada para el campamento, por lo que se solía cocinar por tandas y habitualmente se acababa complementando con lo que cada uno podía aportar. Un siglo más tarde comenzó la Guerra Civil de EE.UU (conocida como la Guerra de Secesión 1861-1865) el método era prácticamente el mismo pero aquí encontramos una variante en el sistema a destacar, se designan personas para repartir, preparar y emplatar la comida, lo que supuso un avance notable sobre todo en el ámbito de las fracciones de tiempo empleadas para este fin, y en el crecimiento del grupo que cada tanda podía abarcar.
No hubo variaciones notables hasta el año 1896, en el cual se desarrolló la ración individual de emergencia, más tarde le sucedieron las creaciones de otro tipo de raciones adecuadas para cada situación, guarnición, campo y movilizaciones militares, al parecer comenzaron a darse cuenta de la necesidad palpable de alimentar a las tropas de diferentes formas con un aporte energético variable dependiendo de la situación a la que se enfrentaban. La Primera Guerra Mundial supuso un hito en todo lo que concierne a la alimentación de combate, el inicio de batallas que antes no se habían dado y en las que se corría el riesgo de intoxicación de gas obligó al gobierno a idear una mejor manera de suministro alimenticio, recurriendo así a los productos enlatados y a los deshidratados; su distribución se realizaba en contenedores de hierro galvanizado sellados herméticamente de 53 kg y con ellos se podía alimentar a unos 25 hombres. Más tarde, cuando el mundo se sumió en las tinieblas de la terrible Segunda Guerra Mundial, de nuevo las formas no conocidas hasta aquel momento de lucha supusieron un cambio forzoso en la alimentación de los combatientes, el ejército se vio obligado a recurrir a las universidades, juntos debían encontrar la manera de dar alimento a todos aquellos soldados que se jugaban la vida en diferentes frentes y bajo unas condiciones climáticas muy dispares. Finalmente un profesor de la Universidad de Minnesota llamado Ancel Keys fue quien asesoró al Departamento de Defensa de Estados Unidos y así nació la conocida Ración K, la letra hace referencia obviamente a su creador; fueron fabricadas entre 1942 y 1945 por R&D Laboratory's,con esta ración un soldado disponía de desayuno, almuerzo y cena, le aportaría 3000 kcal por día y en ellas se podían encontrar productos como paquetes de galletas, cigarrillos, chicles, azúcar, café instantáneo, papel higiénico, cerillas, tabletas para potabilizar el agua, sal, caldo para preparar, chocolate, barritas de cereales, las primeras vitaminas como suplemento y algunas raciones de las últimas en fabricarse llevaban una cuchara de madera. Cuenta uno de los testimonios más sobre cogedores de la batalla de Stalingrado que tras comerse a los caballos muertos, comenzaron por los perros, después los gatos y finalmente se alimentaron de los cadáveres de los caídos, por ello era completamente necesario avanzar y zanjar el tema de la alimentación, bendita Ración K.
Cabe mencionar que la comida caliente se siguió cocinando en los campamentos para aquellas tropas más estables y alejadas de lo que eran estrictamente las trincheras, americanos y alemanes tuvieron actuaciones similares en cuanto a sus cocinas de campaña, Alemania instaló en un solo carro de dos ruedas una cocina con la que podía alimentar sin problemas a toda una compañía, por otra parte los americanos tenían cocinas más amplias en las que se alimentaban batallones completos, eran más complicadas de manejar en los traslados, finalmente terminaron por adaptar aquellas grandes instalaciones a un solo camión.

Familia cocinando durante la Guerra Civil de EEUU y una Ración K

Un soldado de los tercios españoles tenía una alimentación medianamente equilibrada comparada con el resto de países, pero precaria frente a los colindantes, básicamente comían 750gr de pan o bizcocho (era preferido frente al pan, ya que su elaboración era mucho más dedicada y completa), una libra de carne, media de pescado y medio litro de vino, lo que venía sumando una media de 3800 kcal por día; pero el principal problema es que esto era un gasto que debían solventar los propios soldados. Desde el siglo XIX en España se publicaron tesis y numerosos estudios a cerca de la alimentación en combate, en las Guerras Carlistas las tropas morían prácticamente de hambre por el difícil acceso a la comida; también hay que tener en cuenta que entonces no existía un estudio tan exhaustivo de lo que hoy conocemos como las investigaciones nutricionales y los soldados se alimentaban francamente mal en base a un erróneo entendimiento de lo que era una dieta sana, equilibrada y que les aportara la suficiente energía para hacer frente en las batallas. De todas formas la importancia de la manutención de los ejércitos se remonta mucho tiempo atrás, incluso los templarios estudiaron estas cuestiones, ellos consiguieron organizar la comida de una manera que comían tres veces a la semana carne, legumbres, y toda clase de frutas y verduras, cabe destacar también que todo esto es muy relativo, tanto en la época medieval, como en la actualidad, puesto que va en base al poder adquisitivo de los gobiernos, igual que antaño dependía de los reyes.
Las raciones de combate nunca han dejado de evolucionar, durante todos estos años se han ido fraguando nuevas formas de mantener a las tropas bien nutridas y sin que presenten ningún tipo de carencia como ya ocurrió en la Segunda Guerra Mundial cuando el abuso del consumo de estas raciones acabó por provocar perdida de peso y avitaminosis, puesto que no estaba recomendado recurrir a este tipo de alimentación más de tres días seguidos. El aumento del ejército, los nuevos gobiernos con un frente de Defensa tan estructurado y las maniobras actuales, condujeron en su día a los dirigentes hacia una mejora necesaria de los productos suministrados a los soldados; hoy en día todo es sometido a un minucioso estudio en el que priva por encima de todo el bienestar de la persona que consuma las raciones, cada actividad realizada dentro del ejército es diferente y por tanto se requerirá una comida u otra, algunos de los puntos a tener en cuenta dentro de la situación táctica son la intensidad, la seguridad de las rutas de abastecimiento, y si existen pausas operacionales, a partir de estos factores se distribuirá comida de ración individual empaquetada y autocalentable o la colectiva de confección en cocina. Las raciones más famosas son las americanas MRE (Meal Ready to Eat), las cuales han incluido recientemente entre sus menús una pizza que dura hasta tres años intacta (la podemos ver en la fotografía de arriba); también tienen fama de ser las más completas en cuanto a detalles, incluida una cuchara. Cada país tiene una larga lista de menús en relación a cada tipo de comida, algunos como EEUU deposita en una misma caja los menús variados, de esta manera el soldado nunca entra en el bucle de comer lo mismo durante un largo periodo de tiempo, todo lo contrario que ocurre en España, donde en una caja completa el menú es el mismo. Resulta curioso ver como todos los países han terminado por incluir platos de su cocina tradicional, esto forma parte de un método psicológico para aumentar la moral de los soldados, incluso se intenta que todo lo que compone las raciones de combate sea lo más parecido a lo que ellos comerían en casa.

Israel, EEUU y UK

Como ya he mencionado antes, lo que más destaca es el alto contenido en toda clase de complementos para que la comida se lo mas completa posible, pero dependiendo del país todavía hay más de uno que se queda huérfano en cuanto a vitaminas y otros nutrientes, estos son solo algunos ejemplos de los principales menús de unos cuantos países, simplemente para que os hagáis una idea del contenido que tiene la ración principal de cada ejército:
  • Ucrania: Galletas de harina de mijo, carne enlatada, carne con cereales, conservas de carne picada con salami, pescado enlatado, mermelada, té, azúcar, dulces, servilletas de papel, cucharas de plástico, toallitas desinfectantes, sopa instantánea de carne, concentrado de frutas y pastillas multivitaminas.
  • Rusia: Pan de galleta, galletas de trigo integral, estofado de ternera, manteca de cerdo salada, paté de hígado, carne de vaca con sémola de trigo sarraceno, carne con guisantes y zanahorias, pisto, frutas y bayas, queso de untar, mermelada, compota, chocolate, té, café, azúcar, sal, tabletas de multivitaminas, chicles, dulces, pastillas purificadoras de agua, hornillo, cerillas impermeables, toallitas desinfectantes, servilletas de papel, cucharas y un cuchillo de plástico.
  • Polonia: Carne con arroz y verduras, carne de cerdo en conserva, galletas, mermelada de frambuesa, té de limón, frutos secos, barritas de cereales y fruta, chicles, café, vitamina C, sal, pimienta, tapa de plástico, servilleta, toallita húmeda, papel higiénico, bolsa con cierre, cuchara de plástico, tabletas de purificación de agua y calentadores desechables activados por agua.
  • Italia: Barras de cereales con chocolate, caramelos de frutas, leche condensada, café, chocolate, azúcar, sal, ravioli con salsa de carne, galletas, paté de cerdo, ensalada de frutas, tabletas multivitaminas, tabletas de salvado, pasta y frijoles, paté de pollo, cepillo de dientes, barra energética, kit para la desinfección del agua, palillos de dientes, bolsas de basura de papel, hornillo, pastillas de combustible, servilletas y cubiertos de plástico.
  • Tailandia: Sopa con pescado, arroz, carne de vaca con pimienta y ajo, chile en polvo, salsa de pescado, frutos secos y una cuchara de plástico.
Creo que se puede apreciar como existe una diferencia notable entre ellos, también los países musulmanes tienen muchos menús vegetarianos, o que excluyen casi por completo la carne, es el caso del ejército de Arabia Saudí, cuyo menú está compuesto por dátiles, frutos secos y pescado (suele ser caballa o atún); también el pan es base en estos lugares, siendo su porción en la ración mayor considerablemente a la que se encuentra en otros ejércitos. Cada poco tiempo aparecen productos nuevos que ayudan al desarrollo favorable de la alimentación para los soldados, según el Ejército de Tierra de España, el futuro en esta contienda alimenticia estará situado entre parches transdérmicos y microchips; pero por el momento los japoneses podrán seguir disfrutando de su arroz, los italianos de sus ravioli, los americanos de su pizza y los españoles de nuestro cocido madrileño.

Menú A3 del Ejército español, con cocido madrileño

2 comentarios:

  1. Antonio Rodríguez03 agosto, 2016

    Como es normal el mejor menú es el de España. Desde luego que país tenemos a pesar de algunos que cultura en todos los sentidos.
    Mucho ha cambiado las cosa desde las Ordenanzas de Carlos III que nos leían en la mili ( por cierto creo que parte siguen en vigor) al respecto de las comidas y del acogimiento obligatorio de los soldados en fondas y casas de huéspedes en tiempo de guerra, las cuales estipulaban que "Ningún soldado podrá exigir en el alojamiento que tuviere otra cosa que cama, luz, agua, vinagre, sal, asiento a la lumbre, y el que maltratase a su patrón se castigará a proporción del exceso." Hoy a todo eso habría que añadirle "... y una toma de corriente a 220V para cargar el teléfono móvil"

    ResponderEliminar
  2. Interesante y curioso artículo. Esos garbanzos tienen buena pinta y el detalle de la cerveza es para premio.

    ResponderEliminar

¿Qué te ha parecido este artículo? deja tu comentario para ayudar a mejorar el blog, tu opinión es importante.
También puedes utilizar para consultas y peticiones mi email: lashuellasdelatierra@gmail.com
Y si lo prefieres, sígueme en mis redes sociales:
Twitter: @redactoramiriam
Instagram: @lashuellasdelatierra
¡Muchas gracias por tu visita!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...