miércoles, 28 de septiembre de 2016

La princesa Eleonora y los vampiros

Dicen que toda leyenda tiene un origen, un hecho real que se ve alterado por el inexorable avance de los tiempos, el recorrido abrupto que transforma los capítulos de nuestra novelesca historia en un mito legendario que puede ser tanto honorable como terrorífico; conforme desfilan los siglos vemos el cambio constante de la sociedad, las creencias y los miedos constituyen dos de los pilares fundamentales para comprender cada periodo, posiblemente lo que ahora consideramos el peor de los temores, antaño se veía drásticamente sobrepasado por otros factores que mecidos entre las manos de los nigromantes llegaban a ser el santo y seña de las sombras infernales que atemorizaban cada noche a los moradores de las aldeas que componían los reinos más y menos prósperos a lo largo y ancho de este mundo. Si nos ponemos a pensar en una edad oscura amparada por el miedo subrepticio a todo lo que implicara ocultismo, es sin duda la horquilla de tiempo que alberga los siglos XVIII y XIX donde incluso los cazavampiros llegaron a formar todo un gremio (curiosamente de los mejores pagados por aquel entonces) era habitual que todo viajero que se aventuraba a las tierras de Europa del Este terminara haciéndose con un kit para dar caza a los vampiros, estaban compuestos por múltiples artilugios que aseguraban vencer a uno de estos seres condenados por el demonio, agua bendita, crucifijos, cartografía de campo santo, balas de plata, las sagradas escrituras y así hasta un largo etc que aumentaba en función del precio; al igual que la Inquisición practicaba exorcismos, también estuvo inmersa en lo que concierne a la caza de vampiros y en el estudio de cualquier cosa donde estuviera implicado el averno, como hombres lobo, también varias corrientes literarias y provenientes del Santo Oficio, relacionaban directamente las prácticas vampíricas con la licantropía, aunque años más tarde otros escritores los enfrentarían disolviendo sus raíces conjuntas.

Kit de cazavampiros

La figura que se intenta plasmar ahora de los vampiros es puramente comercial, cosa que se puede ver reflejada sin lugar a dudas en las nuevas sagas cinematográficas, pero lo cierto es que este aspecto dista muchísimo del mito original, de la leyenda, pero ¿qué hay del origen?. Como ya he comentado al principio, toda leyenda tiene un árbol arraigado con un fuerte rizoma que suele ser la base imperecedera de la historia, en este caso viajamos hasta el corazón de Chequia, andamos por sus pétreas e históricas calles hasta llegar al imponente y silencioso Castillo de Melník, es en este lugar donde el 20 de junio de 1682 nacía la cuarta descendiente del príncipe Ferdinand August von Lobkowicz y Maria-Anna Wilhelmina von Baden-Baden, a la que llamaron Eleonora Elisabeth Amalia Magdalena von Lobkowicz, la joven princesa tuvo una infancia feliz envuelta en las típicas pesquisas de palacio, termina siendo una muchacha de gran cultura, refinada y con una educación exquisita, en el año 1701 Eleonora con tan solo 19 años contrae matrimonio con el príncipe Adam Franz Karl Eusebius von Schwarzenberg, dos años mayor que ella. Desde el principio la pareja muestra problemas a la hora de engendrar hijos, pasados seis largos y fatigosos años para Eleonora por la presión a la que era sometida para darle un heredero al príncipe, nació la princesa Maria-Anna zu Schwarzenberg; ahora bien, es conocido por todos el concepto de la herencia que se tenía hasta hace bien poco (en algunos países se continúa con estos pensamientos obsoletos) por lo tanto no es visto con buenos ojos que el alumbramiento traiga al mundo a una niña, el príncipe comienza a alejarse un poco de su esposa, desanimado, sumido en la desesperación, y ella por su parte decide refugiarse en las cacerías que organizaba, solo se divertía dando caza a los animales. En mitad de su desolación, la princesa decide recurrir a remedios de los cuales estoy completamente segura que dudarían casi todos los que componían aquella alta clase con la que tanto le gustaba codearse; la medicina ha evolucionado de manera increíblemente maravillosa en el último siglo, pero si nos remontamos a los conocimientos médicos coetáneos a la época en la que vivió Eleonora se puede ver la falta de medios y tratamientos de los que se podía disponer, además de ello casi todas las soluciones que brindaban los médicos como posibles opciones no eran más que brebajes, ungüentos y las terribles sangrías que tantas vidas se cobraron, muertes derivadas del desconocimiento que bebían de la fuente que manaban los efectos secundarios de aquellos extraños remedios. Dicho esto, no debe extrañarnos que la princesa terminara acudiendo a la nigromancia y a la hechicería para alcanzar su única meta en la vida: traer al mundo un heredero para su impaciente esposo.

La princesa y su hijo
Pronto las cacerías en las que tanto se entretenía arrebatando la vida a seres inocentes se convirtieron en persecuciones de aquellos animales que se vinculaban con las fuerzas de la oscuridad, los lobos. La princesa se hizo con una manada de lobas a la que encarceló para hacerlas criar y beber su leche materna, puesto que a raíz de la leyenda del nacimiento del glorioso Imperio Romano gracias a que Luperca amamantó a Rómulo y Remo, se tenía la creencia de que su leche era el remedio más potente para concebir en un corto plazo, el patio del palacio se ataviaba de tenebrosos y estremecedores aullidos cada noche, ella aguardaba impaciente la poción que solo las lobas llevaban en sus entrañas. Como pequeño apunte respecto a la relación entre Eleonora y los lobos, se dice que estos mismos animales se encargaban de tumbarse sobre los cadáveres de sus víctimas en la etapa de su vida en la que fue relacionada con el vampirismo (la cual os relataré a continuación) para mantener la sangre caliente y facilitar el proceso de alimentación a su ama. También llegó a pagar una cantidad insultante que no ha transcendido, por la compra semanal de un vial que contenía un extraño líquido, más tarde se supo que lo que ingería era semen de ballena, hablamos de un tiempo donde el tema de los barcos balleneros cobraba importancia por momentos y se comercializaba absolutamente todo lo de estos colosales animales, también su grasa era vendida como remedio para los dolores, pero lamentablemente esta costumbre se vio reemplazada por la grasa humana, especialmente la de los niños. Se sometió a rituales de fertilidad encauzados por brujas, hasta que el milagro de la vida llegó el 15 de diciembre de 1722, la princesa por fin da a luz un heredero varón, su hijo Josef Adam Johann Nepomuk Franz de Paula Joachim Judas Thaddäu Abraham. Pero este hecho a pesar de ser la alegría máxima de su esposo, es visto con mucho recelo por la sociedad y amistades de la pareja, ya que Eleonora tiene 41 años en el momento del alumbramiento, por aquel entonces era casi imposible quedarse embarazada a esa edad, la gente comienza a murmurar, las habladurías se ciernen sobre la sombra de la princesa y empieza a ver como su entorno mengua a causa de la reticencia que producían las artes ocultas.

La tragedia azotó la vida de Eleonora de manera brutal el 11 de junio de 1732, cuando su esposo el príncipe Adam Franz von Schwarzenberg se encontraba entre las filas más destacadas del séquito del Emperador Carlos VI de Austria en una cacería, y en un extraño accidente Carlos VI da muerte al príncipe. Este hecho cambia la vida de la princesa, el mandatario le otorga una cuantiosa pensión, y se hace cargo del pequeño heredero, al cual separan de su madre para siempre; pero el dinero que le es asignado no cubre la ostentosa vida que lleva, y empieza a tener tratos con prestamistas, algo que parece a simple vista totalmente ilógico ya que su Patrimonio era realmente grandioso, además de la infinidad de propiedades, también administraban fábricas de vidrio, cerveza, minas y varios negocios de variadas características. No pasaron demasiados años desde todo lo acontecido cuando la salud de la mujer empezó a sufrir un declive estrepitoso, nadie se explicaba el motivo, pero en un abrir y cerrar de ojos su vitalidad comenzó a desvanecerse como si un manto de niebla la cubriera, su tez se volvió extremadamente empolvada, con el semblante cadavérico, sentía un gran dolor de espalda y padecía de insomnio, falta de apetito y los dolores de cuello la dejaban exhausta durante días enteros. De nuevo estamos ante una escena médica muy parecida a la antes mencionada con lo que concernía a la maternidad, médicos sin conocimientos que solo empeoraban la situación, y como consecuencia ella recaía en las redes de la hechicería y las malas artes. La princesa era hipocondríaca, eso sumando al hecho de ver que contando con todos los nigromantes posibles, haciendo sesiones de espiritismo, recurriendo a brebajes y escuchando de vez en cuando los consejos médicos, no se curaba, a la única conclusión que pudo llegar es que había sido víctima de un vampiro y se estaba consumiendo en vida. También a esta conclusión llegaron los habitantes de aquel lugar, en las calles de extendía el rumor de que la princesa se estaba convirtiendo en un vampiro, creo que es obvio que entre los brebajes que consumía en los ritos satánicos y en las sesiones espiritistas, se encontraba la sangre humana. Conforme fueron desapareciendo lugareños, la gente montó el cólera y comenzaron a destapar tumbas decapitando cadáveres y quemando sus restos, buscando acabar con una plaga de vampiros.
Como su mal no cesaba en el empeño de acabar con ella, el ilustre doctor Franz von Gerstorff (primer médico de Carlos VI) viaja hasta Ceský-Krumlov donde se encontraba la princesa, la examina y decide trasladarla a Viena por su mal estado de salud, pero este trayecto será el punto y final de la vida de Eleonora, al alba del 5 de mayo de 1741 la princesa cerraba los ojos para siempre.

Tumba de Eleonora
Es entonces cuando se puede apreciar un extraño movimiento en los médicos, se les encarga la autopsia del cadáver, algo inusual en la época y menos todavía con esa rapidez (9 horas después del fallecimiento), esto tuvo un coste de unos 120.000€ su interior estaba prácticamente consumido, y se encontró adherido al lado izquierdo de la pelvis, un tumor del tamaño de la cabeza de un bebé que había desembocado en una metástasis mortal y muy dolorosa. El problema es que el precio de estos honorarios no correspondía en absoluto con los servicios prestados, algo que solo podría obedecer a un intento de silenciar el tabú vampírico, ya que uno de los médicos implicados tenía la certeza de que esa había sido la causa de su partida al más allá. Una autopsia implica extraer el corazón, lo que venía siendo en esos tiempos la excusa perfecta para asegurarse de que la supuesta vampiresa no regresara de entre los muertos; además de esto, su cuerpo fue trasladado desde Viena hasta Ceský-Krumlov de nuevo, deprisa, con un sepelio en mitad de la noche sin que ni su hijo asistiera. Bajo el suelo de la capilla lateral de la iglesia de San Vito de Ceský-Krumlov yace el ataúd sepultado en un curioso ritual, fue cubierto con grandes losas de piedra, tierra de un camposanto, y finalmente emparedado con fuertes y gruesos muros. Sola, para evitar que si volvía a la vida devorara los cadáveres de su familia que descansaban por ello a cientos de kilómetros en Viena, emparedada para toda la eternidad y bajo una tétrica lápida en la que reza "Aquí yace la pobre pecadora Eleonora, rezad por ella", triste y oscuro final para una princesa. Dicen que este es el verdadero origen de la novela del escritor Bram Stoker "Drácula", también el personaje de Van Helsing estaría inspirado en el doctor Franz von Gerstorff, más tarde se recreó en la siniestra figura de Vlad Tepes para acabar de dar forma a una de las leyendas que más repercusión ha tenido entre los temores del hombre a lo largo del pesado y solemne caminar de los siglos.

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