miércoles, 5 de octubre de 2016

Roger de Flor, de templario a mercenario

Al amparo del Concilio de Troyes en el año 1129 la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo fue aprobada por la Iglesia Católica, de esta manera fortificaron sus raíces aquellos que más tarde se harían llamar templarios. Sus hazañas se remontan al transcurso de las Cruzadas, periodo en el que la cristiandad tenía como única meta arrebatar el territorio de Tierra Santa a los sarracenos, algo que más tarde condujo a la reconquista de España, de la que podemos subrayar nombres ilustres y de suma importancia en nuestra historia; el temple participó en la resistencia de numerosos enclaves, sus miembros debían someterse a unas duras pruebas de iniciación que consistían finalmente en la aceptación de su nueva vida, en el origen de la Orden y a partir de la aparición de Bernardo de Claraval, muchos jóvenes procedentes de los ilustres monasterios más austeros y disciplinarios, fueron llamados por el honor para empuñar la espada templaria en el nombre de Dios, entre ellos destacaban los muchachos criados en el seno de la cristiandad más pura como lo eran los vinculados a los monjes de la Orden del Císter. Aún así, pese a las duras pruebas de fe, uno de los factores más importantes en la aceptación de un nuevo miembro, era que el aspirante a templario tuviera un padrino, aquel que respondía por él y daba credibilidad a las palabras del nuevo caballero, de esta manera es cómo vemos inmerso a nuestro protagonista de hoy en la Orden.

"Conquista de Jerusalén" (Émile Signol, 1099)

El año 1267 será recordado para muchos por haber sido el que vio nacer a Roger de Flor en el bello Reino de Sicilia, su padre Ricardo, formaba parte de los cetreros al servicio del emperador Federico II, y su madre fue una burguesa de Brindisi. La familia hacía lo propio de la época en cuanto al derroche económico encauzado únicamente a destacar socialmente, su madre gastaba verdaderas fortunas en organizar fiestas y todo tipo de eventos, algo que poco a poco fue menguando el ya de por sí escaso patrimonio de Ricardo, en poco tiempo tuvieron que desprenderse de algunas tierras, a lo que siguió la pérdida de enseres, y finalmente cuando el hombre falleció terminaron recurriendo a prestamistas, algo que supuso la ruina para ellos, la codicia acabó por destronarlos de su caprichoso peldaño social para dejarlos en la más absoluta ruina. Estaba claro que era imposible mantener a todos los hijos, por lo que la viuda optó por hacer algo que en esos años era de lo más común, uno de sus hijos, el pequeño Roger fue entregado a una Orden ligada a la Iglesia para que formara parte de sus miembros, así fue como llegó a manos de uno de los caballeros de la Orden del Temple, aquel honorable varón se encargaría de su cuidado y adiestramiento hasta convertirlo en un templario. Pasaron los años y Roger fue formándose bajo el influjo de la cristiandad, y poco a poco sus dotes de caballero se vieron reflejadas en su habilidad con las armas, una destreza a destacar de la que sus maestros no tardaron en percatarse. Se pusieron muchas esperanzas en el futuro de Roger como parte de la conquista de los territorios dominados por los musulmanes; una de las pasiones del muchacho era todo lo referente a la navegación, un enamorado del mar, a temprana edad mostró un creciente interés en el manejo de navíos y la Orden aprobó que él se dedicara a tales menesteres, algo que tuvo su desembocadura en Roger de Flor como Hermano Sargento al timón del navío Halcón. Más tarde en el año 1291 fue una pieza muy importante en la defensa de San Juan de Acre (llamada así durante la Tercera Cruzada siendo la actual Acre, ciudad del territorio israelí), pero su gloria pronto vería punto y final dentro de la Orden del Temple, ya que durante el desalojo de la ciudad, cuando los caballeros luchaban sin cesar para consagrar la Tierra Santa a Dios, varias pertenencias de los templarios desaparecieron, nadie sabía de su paradero y aunque los motivos no han transcendido (o yo no he podido dar con ellos) se sabe que los templarios terminaron acusando a Roger de aquel robo y por consiguiente considerando su acto un insulto para los hermanos de la Orden, aquello pudo tener peor final, pero finalmente los caballeros consideraron que el castigo adecuado para aquella ofensa era la repudia, que por aquel entonces se trataba de una de las peores penitencias psicológicas que un hombre podía soportar, el deshonor. Roger de Flor abandonó su sueño de navegante a bordo del Halcón tras ser expulsado de la Orden del Temple, a merced del destino.

Nos encontramos con un hombre que tenía una experiencia militar como pocos podían poseer, además de ello, grandes conocimientos en la navegación y educado entre libros, lo que hacía de él una persona extremadamente culta, aprovechando el cóctel que acabo de mencionar, decidió hacerse mercenario, entre tanto sus primeros pasos como tal fueron bajo las ordenes del hijo de Pedro III el Grande de Aragón, el rey Federico II de Sicilia. No sabemos si por el rencor acumulado por la ofensa bajo una supuesta falsa acusación de robo, pero Roger comienza a convertirse en una persona con trazas bélicas sin más fin que emplear su vida para ello, ya no era en el nombre de Dios, y poco a poco fue perdiendo los valores que le habían sido inculcados; esto lo llevó a ser un auténtico líder, nada ni nadie se interponía entre él y su objetivo, la misión era lo prioritario por encima de cualquier otra cosa, al ver esta actitud el rey no tarda en darle un sitio privilegiado dentro de sus tropas, regalando al mercenario el mando de las compañías de almogávares. Estos hombres carecían de principios y únicamente militaban por razones económicas, se trataba de mercenarios que habían sido empleados por la Corona de Aragón en las batallas de Valencia y Mallorca, ahora eran empleados en Sicilia para consolidar las conquistas. Tras este nombramiento, vemos a la figura de Roger ligada a numerosas contiendas en las que siempre ponía su máxima resistencia y salía victorioso, como es el caso de la defensa de Mesina en 1302, pero justo en ese año el rey Federico II le anuncia que ya no precisa más de sus servicios ya que ha entrado en periodo de paz, por ello Roger pone sus ojos en las filas del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, éste se encuentra en serios problemas para contener a los turcos, algo que a simple vista no supone quebradero de cabeza alguno para Roger que se pone al mando de 4.000 almogávares, 1.500 soldados de caballería reforzados por 39 naves, conocida también como la Gran Compañía Catalana; en el imperio hizo un sin fin de hazañas, como por ejemplo aniquilar a los genoveses de Constantinopla, tomar Filadelfia, Magnesia y Éfeso, confinando así a los turcos, Andrónico acabó otorgando al mercenario el título de megaduque, comandante de la flota y le entregó uno de sus tesoros más queridos, la mano de su querida sobrina María (hija del zar de Bulgaria). Habrían de pasar algunos años hasta que tuvo lugar una de las batallas que más fama le dieron a Roger de Flor, junto a 8.000 almogávares hizo frente a un ejército de origen turco que contaba con 30.000 hombres, dando muerte a 18.000 de ellos, esto supuso un aldabonazo en la guerra y los turcos comenzaron a retroceder en los años que siguieron a este episodio. Entonces para sorpresa de muchos Roger fue proclamado césar del Imperio, controlando de esta manera los territorios bizantinos en Asia Menor.

No hay que olvidar que los almogávares no eran conocidos precisamente por sus actos de honor o por sus conductas morales, si no más bien por todo lo contrario, encontramos el origen de estas agrupaciones de choque en las filas sarracenas, cuando éstos idean pequeños grupos armados dedicados al asalto y saqueo por sorpresa de los distintos objetivos a conquistar, los almogávares eran tan solo la versión cristiana de ellos, por ello Roger fue considerado por muchos como un pirata más que como un héroe, y es que realmente aunque la presencia de los almogávares fue crucial para la reconquista de España, es cierto que se dedicaban al saqueo sistemático, esto dependía también si los lugareños decidían unirse a ellos por defender sus tierras, es decir también el factor de procedencia y localización influía en el modo de vida de las tropas, pero en el caso de Roger de Flor y sus hombres, si que llevaban a cabo una vida de lo que se podía considerar como piratas, mercenarios que vivían por las armas con el fin económico en sus grandes flotas. Por lo tanto todo este concepto llevó a los altos cargos del imperio a no ver la vinculación con ellos demasiado adecuada, ni si quiera les era cómoda; a ello se puede sumar la codicia de Roger, al parecer las malas lenguas decían que pretendía autoproclamar su soberanía en los territorios conquistados por él y sus hombres.
La inquina que Miguel IX, hijo de Andrónico II sentía hacia Roger crecía por días, finalmente en una conspiración secundada por los más allegados a él y a su padre, el 5 de Abril de 1305 organizó un banquete al que fueron invitados cerca de cien dirigentes de las tropas fieles a Roger de Flor y por supuesto él también recibió tal invitación, ese sería el final del hombre que pasó de templario a mercenario, durante aquella celebración todos ellos sucumbieron asesinados. Sus tropas fueron atacadas de inmediato, la cima de Miguel IX era acabar con todo rastro de ellos, pero no consiguieron dales muerte, y además de ello Berenguer de Entenza, uno de los mayores amigos de Roger de Flor el cual había sido nombrado megaduque tras una de las batallas donde luchó al lado del líder aportando 1.000 de sus hombres, acaudilló un contraataque conocido históricamente como la Venganza Catalana. Tal y como sucede con otros personajes de la historia, para algunos es un héroe, y para otros tal solo un mercenario; dicen que la historia está escrita por los vencidos, por lo tanto a veces solo nos queda leer e intentar moldear, interpretar y finalmente aprender de aquello que nos cuentan.

"Entrada de Roger de Flor en Constantinopla” (José Moreno Carbonero, 1888)

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